
En un mercado donde la diferenciación ya no depende únicamente del producto, sino de la experiencia que lo rodea, Tabernero viene apostando por una estrategia clara: convertir su proceso productivo en una herramienta de conexión con el consumidor.
La marca abrió sus viñedos y bodega en Chincha para desarrollar una jornada inmersiva dirigida a embajadores de marca, quienes pudieron conocer de primera mano el origen, producción y portafolio de vinos, piscos y espumantes. Esta activación busca trasladar el valor del producto hacia una experiencia tangible.
Este enfoque responde a una tendencia creciente en la industria, donde el marketing experiencial prioriza la vivencia del consumidor como eje central de decisión. Ya no se trata solo de comunicar atributos, sino de generar conexión emocional a través de experiencias memorables que refuercen la percepción de marca.
En términos estratégicos, iniciativas como esta permiten a Tabernero fortalecer su narrativa de origen, autenticidad y tradición, elementos clave para competir en categorías donde el valor percibido define la elección. La experiencia directa con el producto incrementa la recordación y posiciona a la marca más allá del punto de venta.
Este tipo de activaciones también tiene impacto en la cadena de valor. Desde el canal gastronómico hasta el retail especializado, una marca con storytelling sólido y experiencia asociada genera mayor rotación, fidelización y disposición de pago.
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En ese escenario, Tabernero no solo vende vino o pisco, vende experiencia. Y en un mercado cada vez más competitivo, esa diferencia es la que define quién captura valor y quién queda fuera de la conversación.





